Ahora volveremos a la primera pregunta: ¿Es posible una lengua internacional? Tampoco puede dudar ni un minuto sobre esto la persona que no tiene prejuicios, porque no sólo no existen ni siquiera el menor hecho que hable contra esa posibilidad, sino que tampoco existe ni una pequeña causa que nos obligue a dudar ni siquiera un minuto sobre esa causa. Existen, en verdad, personas que con aplomo científico hacen creer que una lengua es un objeto natural, orgánico, que depende de una abstracción especial fisiológica de los órganos de la palabra de cada pueblo, del clima, herencia, cruce de razas, condiciones históricas, etcétera. Y esas doctas palabras se imponen a la masa con autoridad, principalmente si, en su mayor parte, está tachonada de citas con misteriosos términos técnicos. Pero el hombre instruido que se atreve a tener su propia opinión sabe demasiado bien que se trata sólo de una cháchara pseudo-científica que no tiene sentido y que cualquier niño podría rebatir con facilidad. De la experiencia diaria sabemos que si tomamos a un niño de cualquier país o nación y desde el día de su nacimiento le educamos entre personas de una nación extraña e incluso antípoda para él, hablará en la lengua de esa nación con la misma pureza y perfección que cualquier otro niño de esa nación. Si para el hombre maduro es normalmente difícil aprender una lengua extranjera, ello no se debe a la construcción de sus órganos de fonación, sino simplemente a que no tiene paciencia, no tiene tiempo, no tiene profesor, no tiene recursos, etcétera. Este mismo señor maduro encontraría esas mismas dificultades en el aprendizaje de su propia lengua materna si en su infancia no se hubiese educado en esa lengua, sino que la hubiera aprendido por medio de lecciones. Al final todo hombre instruido , incluso ahora mismo, debe aprender varias lenguas extranjeras, y ciertamente no elige las que mejor se conforman a sus órganos de la fonación, sino las que necesita. Por lo tanto no n hay nada imposible en que todos aprendan una misma lengua y luego intenten comprenderse el uno al otro. Pero incluso aunque la lengua aceptada por todos no se domine a la perfección, si se decide la cuestión de una lengua internacional, los hombres dejarían de estar unos junto a otros como sordomudos. Y uno debe recordar que si se sabe en todas partes, para la comunicación con todo el mundo se debe aprender sólo una lengua, que existen en todas partes una gran cantidad de buenos profesores de lenguas, que existen muchas escuelas de idiomas en todas partes, que todos aprenderían esta lengua con una gran voluntad y fervor, y que finalmente todos los matrimonios acostumbrarían a sus hijos a esta lengua en la infancia, junto con su lengua materna. Por consiguiente, dejando de lado de momento la cuestión de si el hombre querrán elegir una lengua para el papel internacional y si prosperaría el acuerdo general sobre esta elección, nos damos cuenta el hecho que indudablemente deriva de lo que hemos dicho más arriba, a saber: que la propia existencia de una lengua internacional es totalmente posible. Anotemos en la memoria estas dos conclusiones a las que hemos llegado: